Despierta

Faltaban cinco días para el 9 de diciembre, fecha en la que fotógrafos aficionados de toda España iban a compartir el amanecer, movidos por la llamada de Álvaro. Yo buscaba compañeros de locura, y puse anuncio en un foro asturiano, con ilusión pero sin grandes esperanzas. ¿Madrugar un domingo, en diciembre? Vamos hombre. Para más locura propuse Gijón, que está a treinta kilómetros de mi casa… pero que tiene mar. Cristina, que es de las que se apuntan a un bombardeo, dijo que sí al plan. Carmen, habitante ella de Gijón, también dijo que sí, y a saber quién es Carmen. No tardó en quedar claro quién era, cuando nos invitó a Cristina y a mí a cenar y dormir en su casa. Su argumento, inocente ella, era el de bajar la cena paseando por el puerto, planeando con escuadra y cartabón las fotografías que nos llevarían a la fama y la gloria. Además, así el madrugón dejaba de ser mortal.

Llega al sábado, y con él la cena a cuatro bandas, con Carmen, Cristina, Peter (estrella invitada) y yo. Deliciosa tortilla de patata, deliciosa empanada, riquísimos vinos tintos y una conversación del tipo avalancha, de esas que crecen peligrosamente, sin final a la vista. Siguiendo el manual hablamos de lo humano y lo divino, probamos licores chinos y hondureños, creamos un club de lectura y cerramos filas al filo de las tres de la mañana. Buenas noches Peter, una pena que no nos acompañes dentro de cuatro horas.

Peter sale del escenario. Entran las camas. Su actuación será corta, de unas cuatro horas, pero crucial. Es entonces cuando suena la alarma de mi móvil, ¿quién coño la pondría a las 6:50? El impresentable de siempre, qué pregunta. Son las 7:30 cuando salimos, es noche cerrada pero ya no tanto, es noche fría pero joder que sí. Nos encontramos con Lara y Jorge, que también esnifan pegamento, de lo contrario no me explico qué hacen en el puerto de Gijón a esas horas.

Lo que viene después son manos frías abriendo trípodes, fotos del mar, de Gijón, de las farolas y del sol. La foto que elegí para el concurso la saqué hacia las ocho y veinte, a pie de mar. Le siguieron otras, hasta que la cordura volvió al teatro de la fotografía, y decidimos buscar asilo político en una chocolatería. Allí, las autoridades nos recibieron con churros, chocolate caliente, café, pan tostado con aceite de oliva y hasta jamón ibérico. ¿Se le puede pedir más a un domingo por la mañana?

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9 pensamientos en “Despierta

  1. Un texto genial, con quiebros que despiertan a uno: me gusta especialmente “Carmen, habitante ella de Gijón, también dijo que sí, y a saber quién es Carmen” y “conversaciones, de esas que crecen peligrosamente”. Sacan la risa.
    Y el plan sin plan. Envidiable. No dejes tu búsqueda de instantes maravillosos, ni dejes de escribir.

  2. Muy bonitos tus comentarios, manera de expresarte y de llevarnos a nosotros, los lectores, a vivir contigo tus aventuras fotográficas! Muero por leer la próxima!

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